viernes, 21 de noviembre de 2008

Saturnalia...

Réquiem Para Una Mujer Sola...

Esta casa es demasiado grande para esta sola, encerrada entre sus paredes vuelven loca a cualquiera. Hoy es uno de esos días en que me arrepiento de tantas cosas, ser como soy a veces me da rabia, el haber tenido un solo hijo; Rafael no quiso que tener más, sus razones fueron muchas y variadas. Que ya no se usaba eso de traer muchos hijos al mundo, que mi cuerpo se iba a deformar y él era loco con mi figura. Otro de sus motivo fue la salud, hice un embarazo terrible, casi me muero en el parto, no quiero recordar aquello. Los años pasaron y mi figura irremediablemente se echó a perder, no pude lograr un nuevo embarazo. El niño pronto no lo fue tanto y no me di cuenta de que crecía hasta que un día con un bulto en la mano nos dijo que se iba, necesitaba espacio, pero aquí sobra, nunca lo he podido entender.

Todo luce tan limpio e impecable, no hay nada en que ocuparse en tardes como estas, aburridas, solitarias. El teléfono parece estar fuera de servicio con su mudez aterradora, nadie llama, ni siquiera una llamada equivocada. Preparo otro trago, ya no recuerdo cuántos he tomado. Camino por los pasillos mirando las fotos que adornan las paredes. Cumpleaños del niño, fotos de nuestra boda, graducaciones, momentos felices. Soy una mujer dichosa, matrimonio perfecto de casi veinte y cinco años y aún enamorados como dos novios que recién inician un romance. Somos un ejemplo para la sociedad. Rafael es un hombre de negocio muy ocupado, casi no nos vemos, apenas tomamos el desayuno juntos, aunque sin mirarnos a la cara, un maldito periódico se interpone entre nuestras miradas. Regresa bien entrada la noche cuando ya el tedio se ha convertido en sueño y no tengo fuerzas ni ganas de pararme de la cama hasta el otro día. Es el precio de ser la esposa de un empresario exitoso como él.

Llamo a mis amigas, casi nunca están disponibles, siempre con una excusa, mucho trabajo, van a salir con sus maridos, no sé como pueden estar pegadas a un hombre tanto tiempo, no hacen nada sin que ellos los autoricen; yo no soy así, si tengo que salir me voy sola, aunque hace unos años que he perdido el interés de recorrer las tiendas de los centros comerciales de la ciudad. Además, cuando me reunía con ellas siempre era lo mismo, las conversaciones giraban alrededor del sexo, que anoche hicieron esto o lo otro, que repitieron varias veces. Debiera darle verguenza, mujeres ya entradas en edad y todavía pensando en la carne; Rafael es un hombre juicioso, me explicó el peligro que corría de un infarto, que eso no se ve bien en personas como nosotros que ya estamos pensando en el descanso de la vida.

El reloj de la sala marca las cuatro de la tarde, el tiempo no pasa o así me parece. Dónde estará Rafael que no ha llegado a almorzar. Si le llamo a su celular no responde, siempre lo tiene apagado, le dejo mensajes impregnados de urgencia que parecen no inmutarle. Cuando responde, si lo hace, han pasado varias horas; y si me ha pasado algo, se va a enterar cuando le digan que me han enterrado. Le llamo por quinta ocasión, al contestar me disculpé por haberle interrumpido, le digo que sólo le llamé para saber el traje que va a usar esta noche, como era de esperar ya lo había olvidado y tengo que repetirle que hicimos un compromiso ineludible, que faltar sería un irrespeto a nuestros amigos. Me dice que tendré que ir sola, está con unos inversionistas extranjeros en una reunión de negocios y no sabe la hora que terminará. De fondo se escucha música, una voz femenina que susurrando pregunta si va a demorar mucho, le comento de lo mal visto que sería yo llegar sola a una velada de parejas, que...colgó. En momentos así es cuando me vienen las ganas de morirme, pienso que debí haberme buscado un amante que me dedicara todo el tiempo y el cariño que añoro, pero no soy el tipo de mujer que puede estar con dos hombres a la vez. Lo que debí haber hecho fue buscarme un trabajo para entretenerme haciendo algo, pero él nunca lo permitió, me brindó cuando quise aunque ahora estoy dispuesta a cambiar todo lo material que poseo y me estorban en mi deambular por estos pasillos que me aprisionan robándome más que libertad, ganas de vivir. Lo cambiaría todo por su atención, por sentir un beso suyo de sus labios tiernos, como cuando éramos novios y todo era tan especial, pero no me voy a sentar a esperar a quien no acaba de llegar, hoy me iré sin él y estrenaré mi vestido negro escotado, nuevas zapatillas que le hacen juego, los tenía para la ocasión especial, no creo que vaya a notar nada. Pero, a quién le voy a lucir si me visto bien para impresionarlo, gustarle; no, mejor me quedo viendo la tele. Es que prefiero salir con Rafael, me gusta escuchar sus anécdotas de las cosas que ha hecho en sus viajes, sus historias son fantásticas. Eso voy a hacer, quedarme, no quiero escuchar a mis amigas con sus sermones para que espabile. Qué saben ellas de nuestra vida, he llevado mi matrimonio por casi un cuarto de siglo, no sabré yo como manejarlo!. Voy a la cocina por hielo, necesito otro trago que me acompañe, el calendario grita que es domingo, para mi todos los días son iguales. Me remuerde la conciencia, yo aquí haciendo conjeturas y el pobre Rafael que no tiene descanso, trabaja sin parar. No vale la pena que yo vaya a una fiesta y él en su oficina trabajando; no, le esperaré, si es necesario hasta el amanecer, que sepa que cuenta con mi apoyo, quizás el próximo sábado esté menos ocupado y no se le olvide que es nuestro aniversario.


Nota:Para la viuda del golf, la que me cuenta sus penas cada semana mojando las ganas en una humeante taza de café.



Rafael Rodríguez Torres

2 comentarios:

La Muela dijo...

Barbaro Rafael......Bravo.
Saludos

Ericarol dijo...

dile que hable conmigo para decirle dos o tres cosas...

que rabia me da esto, sobre todo porque me identifico tanto con estos pensamientos estúpidos...

grrrr!!!